Compartimos con uds. una carta que ha publicado en el diario El Telégrafo de Paysandú un visitante de dicha ciudad que luego de conocer nuestro Shopping escribió al diario expresando su experiencia de su visita a Salto Shopping.
Son las 05:30 del día 19/05/06 y estoy en la Terminal de Omnibus de la ciudad de Salto. Dejé el auto en el estacionamiento bien señalizado e interno, donde no se ve ningún papelito, muy limpio todo y me dirigí a las puertas de entrada y salida, las que ostentan grandes posters anunciando el 250 aniversario de Salto, las puertas se abren y cierran en forma automática (como en 3 Cruces) y observo: allí están los taxis, esperando el ascenso o descenso de pasajeros bajo techo y que toda la herrería de obra del edificio es de aluminio de primera calidad. Otra cosa que noto, es la limpieza y prolijidad y al entrar, el ambiente me sorprende, tiene algo así como suntuoso, los pisos de cerámica brillan, los mostradores de mármol negro, la profusa iluminación a pesar de la restricción pedida por UTE y la limpieza, orden, prolijidad en todo, en los más mínimos detalles, le da distinción. Y primero lo primero, siguiendo la cartelería que todo lo indica, subo al primer piso donde están los baños y ¡oh! ...¿me habré equivocado, serán los baños? La limpieza se huele en el aire, todo impecable, hay papel higiénico, jabón y máquina seca manos, todo revestido en cerámica, grandes espejos lavatorios en mármol y acero inoxidable, todo funciona, sano y brillante... si hasta dan ganas de quedarse allí y no hay nadie esperando una moneda, (como en 3 Cruces) lo que personalmente encuentro pesado y de mal gusto.
¡Ah! me olvidaba que desde que ingresé al edificio, por todos lados me está acompañando una suave música funcional, que no sé de dónde proviene, pero se escucha y da mayor calidad al ambiente. Vuelvo a P.B., atrae el olorcito a café y me arrimo a la cafetería, puesta de primera, un rincón coqueto y acogedor, varias personas desayunando y no resisto, también disfruto del lugar, del café y las medialunas calentitas. De lujo, dedito para arriba. Y desde allí instalado observo: gran movimiento de personas, muchos cómodos asientos individuales con respaldo, donde los viajeros esperan y observan de las pantallas de las TV los horarios de llegada y partida de los servicios, (como en 3 Cruces). De vez en cuando se escucha una voz clara y pausada «que se entiende» anunciando llegadas o partidas. También desde allí veo una revistería con locutorio telefónico, que atiende la misma chica y enfrente un kiosco que tiene balanza para personas, 5 de oro, helados y hasta creo «pastillas de alquitrán» para la tos; la oficina de Turismo, con mucha folletería y ya un funcionario al «pie del cañón» con una simpatía envidiable, como todo el personal que allí trata al público y al fondo, como a 50 mts. del lado opuesto al que estoy, en la penumbra de la media luz, lo que es un shopping de película, sería más fácil decir lo que no hay ... supermercado, cine, cambio, joyería, venta de motos, lencería femenina, libros, farmacia, etc. etc. etc. una locura, esta aún cerrado. Y todo es recorrido, adentro y afuera, por tres guardias de seguridad, que aunque separados, están conectados por aparatos electrónicos, ¿qué tal? Y bueno, han pasado unos 30 minutos, debo seguir, voy hasta el kiosco y pido: «el diario de hoy». Me responden: «¿cuál?» sí, en Salto se editan tres diarios, dos matutinos, Cambio y El Pueblo y el vespertino La Prensa y ya entro a preguntar: - «¿y se venden bien los tres?» - «sí, muy bien y parejo los tres».
Antes doy una mirada a los andenes, todo muy limpio, prolijo, pintado, dos señores uniformados y correctamente identificados como «maleteros» ayudan a los viajeros con los equipajes, nadie entra por detrás de los ómnibus ni deambula por la zona, es recinto cerrado al público y con cartelería que advierte la prohibición de pasar, sólo se accede por las puertas, (como en 3 Cruces) hay orden y se minimizan los accidentes o situaciones no deseadas. Voy al estacionamiento, de paso saludo a los taxistas que esperan viajes, no hay nadie pidiendo una monedita, no se ve un papelito siquiera en la playa de estacionamiento, y de puro contra con los salteños, por la vieja rivalidad nomás, ya sentado en el auto, tomo un caramelo y tiro el papelito afuera. Suena un silbato como de penal ni sé de dónde, me sorprendem, el corazón como que tropieza; un guardia de seguridad me está mirando y señalando el papelito. ¡Qué papelón! uno a cero, gana Salto. Viajero sanducero.
De un periodista:
Estimados señores, me parece excelente la página de Salto Shopping por la variedad de información que ofrece. Un aspecto importante son los horarios de los ómnibus a diferentes puntos del país y del exterior. Como veterano visitante de esa querida ciudad los felicito sinceramente por este aporte.
Santa Fé, Argentina
